
El hacedor de caminos
Se arrastraba a si mismo, cabizbajo y sin rumbo, hastiado de recorrer una y otra vez los mismos caminos que conocía tan bien, pues parecía llevarlos...

Se arrastraba a si mismo, cabizbajo y sin rumbo, hastiado de recorrer una y otra vez los mismos caminos que conocía tan bien, pues parecía llevarlos...

¿No te diste cuenta?

Escuché el rumor de una tierra cuyos hijos, apenas se tienen pie, plantan un árbol.

No parecía más que un tipo extraño.

Tan solo la conocía de vista, de cruzármela siempre a la misma hora, hacia la misma dirección.

La siguió hasta un lecho sueños; bebió promesas húmedas de sus labios de seda; y se sumergió en el verde infinito de su mirada.

Juro que cuando tomé esta foto, no estaba. En aquel entonces sólo me pareció la instantánea de un puñado de hojas caídas.

Llegó moribundo hasta las tierras donde habitaban los hijos del olvido. Con su último aliento, imploró su ayuda.

Cabalgaban a lomos de una época rauda y fugaz; apenas se habían despojado de la niñez y todavía conservaban esas ansias irresistibles de jugar donde...

Música había sido enjaulado hace ya bastantes años. Sus captores lo exhibían una y otra vez en la arena del circo más grande del mundo.

Cayó en un profundo sueño mientras contemplaba las sombras nacidas de los barrotes de su prisión.

“Ha faltado poco” pensó. El peso del lunes había estado a punto de hacerlo naufragar en un remolino de mareas grises.